miércoles, 3 de julio de 2013

NI UN SOLO COCHINO

22:50 h
Sapos, culebrillas, escarabajos, arañas, jinetas, cabras, búho, ratones... menos cochino jabalí.

Una y mil veces volvería a hacer el mismo recorrido con los mismos acompañantes. Incluso con más gente tampoco estaría mal. Miguel Casilla de Alhaurín el Grande, Rafa Romero "el de la Pinsapo" y un servidor nos adentramos por los rincones de la majestuosa Sierra de las Nieves en plena oscuridad para recorrer sus senderos, hollar su cima Torrecilla casi a media noche y aún sin luna, escuchar, ver y sentir la vida que despereza a esas horas de la madrugada.
Con buen ánimo y todos los sentidos puestos en las piedras comenzamos aún con luz desde el Balneario de Tolox con dirección al pico Torrecilla, más o menos por donde pasa la Inferno Trail. Lo primero fue la llegada al cerro Corona, para desde allí y pasando por los enormes quejigos derrotados por el fuego con sus formas fantasmagóricas, llegar al puerto de los Valientes y sin parar directos al Torrecilla.
arriba, en el Torrecilla
Allí en la cima el aire arreciaba fuerte y frío. Solo el tiempo justo de tomar unas fotos y firmar en el libro de visitas que allí hay en la base del hito de piedras. Descendemos al trote y nos dirigimos a Quejigales, en terreno rondeño. Desde allí al tajo Canalizo, Peñón de los Enamorados y el siguiente paso fue uno de mis favoritos en esta Sierra de las Nieves: la cañada de las Carnicerías.
Esta cañada tiene "un algo" especial que me gusta desde hace casi 3 años, cuando pasé la primera vez por ella dándole a la zapatilla con ganas, en la celebración de la Inferno Trail. Es una cañada más, cerca está la cañada de la Perra, también muy chula, pero Carnicerías me tiene enganchado.
Rafa explicando el por qué del nombre, un poco de su historia, Miguel tras él y ámbos esperándome de vez en cuando a mí, siempre un poco más retrasado. Al terminar la cañada solamente nos restaban unos kilómetros de carril para llegar a Tolox de nuevo tras 43,5 km de nocturnidad y alevosía.
Abajo, tras 43,5 km
Las horas se nos hicieron cortas,haciendo paradas a ver, oír y comprender esta sierra. Cualquier parada valía la pena ya fuese por los diamantes que brillan en el suelo y no son más que las filas de ojos de las arañas, los pares de ojos de las jinetas, zorros o cabras que nos espiaban en la oscuridad. Incluso aprendimos que los pinsapos sueltan "polvo de plata", algo que por el día no se observa.
Pero la noche da para eso y para mucho más. Vale para disfrutar, aprender y compartir naturaleza pura que no descansa al caer el sol.
¿Cuándo repetimos?



1 comentario:

Rafael Romero dijo...

Cuando quieras Pedro, me tendrás a tu disposición para recorrer la Sierra de las Nieves. Ojalá todos los visitantes apreciaran todos sus detalles como tú lo haces ¡con el mérito de ir corriendo!

Nos vemos en otra!